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TANTRA, más que sexo, un vía a la felicidad

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Tantra
Más que sexo, una vía a la felicidad

Sexo y espiritualidad sí pueden ir de la mano. Esto opinan quienes practican el tantra, una disciplina milenaria que plantea la búsqueda de lo sagrado y lo puro de todas las cosas. Sus principios: aprender a respirar, meditar, vivir el presente y conectar cabeza y cuerpo, en resumen, los mismos principios de la medicina natural y de las artes marciales como el tai chi.

Aunque no es una disciplina propia de Occidente, ya muchos en este hemisferio hablan del tantra, y dicen que bajo sus preceptos llevan una vida sexual más espiritual y placentera, porque son capaces de entregarse en el sexo, sin que su prioridad sea el orgasmo. El tantra, sin embargo, va más allá de lo que los libros, cursos o conferencias pueden enseñar y hace del equilibrio que pretende lograrse con la medicina natural.

Como tantra se conoce a una de las escuelas del hinduismo, que nació en el siglo VI (a. C.); se plantea como la vía hacia la felicidad y se basa en enseñanzas que dirigen la fuerza creadora del ser humano en la búsqueda de la iluminación.

Al respecto, María del Rosario Vásquez, maestra de Annandha Yoga Center, complementa que “tantra significa ‘tejido’ para la vida, entendido como la unión para formar un todo entre sus elementos, que se manifiesta y se expande continuamente entre varias energías”. Se trata de una filosofía, una manera de vivir, “que tiene que ver con el gozo verdadero e involucra la práctica de la sexualidad sagrada. La energía pasa por todos los chacras hasta el espiritual”, agrega.

En principio, según Vásquez, la gente le daba un tinte ocultista y mágico, pero sus seguidores saben que nada tiene que ver con eso. El tantra integra los aspectos físico y mental del ser humano, como en las artes marciales el tai chi: “Conocer el cuerpo, escucharlo, respirar. Ocurre en el presente, no en el pasado ni en el futuro, es la eternidad”.

Sexo para experimentar la divinidad

En cuanto a la sexualidad, la tradición tántrica de la antigua India señala a esta energía, como la fuerza más poderosa en el ser humano, que termina por afectar todo lo que el hombre hace, desde su nacimiento hasta la muerte. El éxtasis sexual es visto como una posibilidad de experimentar la divinidad. Más que posturas, el sexo tántrico, es una disciplina que insta a explorar los estados elevados de conciencia, y a entender el momento presente, como una unión perfecta y armoniosa.

El sexo tántrico no es solo genitalidad, involucra emociones y el trascender la energía de manera sana. “No es algo cotidiano, tampoco un disipador del estrés” Sostiene Vásquez.

Quienes lo practican afirman que el tantra lo abraza todo –bueno o malo–; es un aprendizaje que permite regresar al espíritu natural del niño, explorar lo desconocido, disfrutando del juego con la pareja.

Hombres y mujeres, entonces, son vistos como complementarios, a pesar de ser opuestos. Por eso, el varón puede explorar sus aspectos femeninos como suavidad y receptividad, y la mujer, tomar la iniciativa, sin perder su esencia para complacer a su compañero. Para los expertos, esta conexión proyecta la conciencia desde el plano físico hacia el del poder y la energía.

Meditación y amor

Para la psicóloga Diana Henao, experta en el tema, el sexo tántrico es meditación y amor, y va más allá de una técnica, es entregarse sin la urgencia de un orgasmo. “Es acercarse al amante interior sin mendigar el sentimiento del otro, es compartirlo”. Quien sigue las enseñanzas del tantra debe mantener su vida sin destruir nada de aquello con lo que trata.

Debe verse a sí mismo sin sentido de la propiedad, para que su yo no se vaya cuando desaparezcan las cosas de la vida e incluso su cuerpo físico. Plantea que hay que dar gracias por lo que se tiene y se disfruta en un momento dado de la vida, y también saber decir ‘adiós’ para aprender a decir ‘bienvenido’. Al final, plantea que, al igual que hay muchos nacimientos y muertes, los seres humanos nacen y mueren continuamente.

Según explica la maestra de yoga, Adriana Silva, en el Tíbet, el tantra se relaciona con la meditación profunda, mientras que, en la India, además de la meditación, tiene que ver con la relación de pareja. Para la práctica del sexo tántrico se requiere la orientación de un maestro calificado, armonizar los ritmos internos, meditar y respirar adecuadamente, y hacer un proceso de visualización.

El tantra es una totalidad, un estilo de vida en el que hay que progresar en la propia evolución y mantener la energía interna

Sostiene la experta.

Nunca es tarde…

Lo primero que debe hacerse para introducirse en la práctica del tantra es meditar, y para ello, es necesario aprender a hacer la respiración diafragmática, a estar en silencio y alcanzar un nivel de conciencia mayor. Vásquez explica que estos primeros pasos se pueden lograr con facilidad a través de prácticas orientales como yoga, tai chi o chi kung, que muestran que cuerpo y mente no pueden separarse.

Durante la relación, hombre y mujer deben ser capaces de estar en silencio, tocarse, mirarse, rodeados de música, buena comida, aromas de incienso y velas. No importa el día, ni tampoco la periodicidad; cualquier momento puede ser ideal para experimentar una gran fiesta del ser.

No hay un guión, solo se juega. El sexo no es un deseo que hay que suplir de inmediato, es un proceso de conciencia y de misterio. La mente deja de funcionar, hay entrega, al tiempo que paz, serenidad, iluminación, amor incondicional y estados de conciencia elevados. Es allí cuando el sexo común, se convierte en sexo tántrico.

Placer unido a inteligencia

La práctica no es cosa de un día. Aumentar la práctica significa ganar experiencia en cada técnica y etapa de la disciplina. No es gratuito que en la India los tántricos pasen años bajo la guía de maestros espirituales aprendiendo rituales y técnicas para el dominio del cuerpo y la mente.

La clave está en focalizar toda la energía en una satisfacción mutua, recíproca, en la prolongación de la sensación que se experimenta con una caricia o un beso. La espiritualidad se vive en el cuerpo y en los sentidos, a través de la prolongación del acto sexual, el control de la eyaculación masculina, los múltiples orgasmos, la desinhibición y el masaje. Es disfrutar el camino sin preocuparse por el final.

Cuando el sexo se unifica y se une con la inteligencia, se crea una nueva energía, el tantra Señala Vásquez.

No es fácil ponerlo en práctica; al fin y al cabo son más de cinco mil años los que tiene esta técnica, pero, a juicio de Adriana Silva, las lecturas sobre el tema pueden ser un buen comienzo, así como el dedicar un tiempo diario a concentrarse en la respiración, en los sonidos primordiales y esenciales de la naturaleza. Así se logra una conexión con la energía del tantra.

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