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Salud femenina, Ayer, hoy y mañana

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Salud femenina:

Ayer, hoy y mañana

Por: Alta Smith, MD*

En los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la vida moderna trajo consigo cambios con implicaciones particulares en la salud femenina y la planificación familiar.

Existe la tendencia cada vez mayor a que las mujeres posterguen el tener su primer hijo hasta su edad más madura posible, para poder establecerse profesionalmente antes de dedicarse a la maternidad.

De otro lado, las mujeres que optaron por tener hijos a temprana edad están regresando a la vida laboral, trabajando hasta los años de la premenopausia y durante la menopausia (los baby boomers se convirtieron en zoomers.

Baby boomers: familias constituidas luego de la Segunda Guerra Mundial, que se destacaron por ser prolíficas. Zoomers: herederos del baby boom; activos hasta la vejez, independientes, solventes).

Se sabe que la vulnerabilidad tanto al estrés como a las enfermedades relacionadas con él aumenta con los cambios hormonales, y que los síntomas comunes de la menopausia, como, por ejemplo, el cansancio y la sudoración nocturna, hacen que las mujeres tengan una etapa de mayor propensión a padecer fatiga y estrés laboral.

Además del estrés del mundo moderno, otros dos problemas surgen en el entorno de la mujer hoy: el aumento de la toxicidad del medio ambiente y la afección conocida como ‘inflamación silenciosa’; ambos de importante impacto en la salud femenina, según los estudios realizados por la medicina biológica.

En las mujeres, en edad reproductiva la tasa de infertilidad va en aumento, afectando a un 10 al 15% de las parejas (Brassard 2008). Las razones son diversas: una es la edad madura en la cual las mujeres buscan dedicarse a la maternidad, como se mencionó anteriormente.

Otras son el consumo de cigarrillo, drogas y alcohol, así como las toxinas del medio ambiente (Mendoza 2009).

Entre los muchos productos químicos y toxinas liberadas en el medio ambiente durante las últimas décadas, existen los llamados ‘disreguladores’ endocrinos, que interfieren en el buen funcionamiento del sistema del mismo nombre debido a que se unen a las proteínas de los receptores intracelulares de hormonas esteroides (femeninas), por la similitud de su estructura molecular (Mass et al. 2009).

Estos ‘disreguladores’ endocrinos presentan en particular un fuerte impacto en el funcionamiento normal del sistema reproductivo (Mass et al. 2009, Colborn T vom Saal FS, Soto AM 1993). A largo plazo afectan las hormonas propias del cuerpo, provocando distorsiones hormonales en animales, seres humanos y cultivos de células.

Por ejemplo, el bisfenol A, utilizado en la fabricación de plásticos, se asocia con diferentes malformaciones del tracto reproductivo femenino, incluyendo quistes de los ovarios (Mass 2009).

Sin embargo, los efectos más graves de los disreguladores endocrinos parecen ser las múltiples disfunciones de los órganos reproductivos de mujeres cuyas madres estuvieron expuestas al dietilestilbestrol mientras las gestaban.

Las mujeres, por tener una capa de grasa más grande bajo la piel y por el hecho de que muchas de las toxinas se almacenan en el tejido graso, son especialmente susceptibles a los efectos tóxicos. Algunas de estas toxinas pueden causar obesidad en el abdomen, órgano de hecho especialmente vulnerable a la inflamación silenciosa (Alam 2007; Desvergne B 2009).

El tejido adiposo secreta transportadores que causan inflamación en todo el cuerpo, y así las personas con el llamado síndrome metabólico son especialmente vulnerables a enfermedades cardíacas y a accidentes cerebro-vasculares

La inflamación crónica se relaciona con afecciones como el cáncer, la arteriosclerosis y enfermedades del corazón, así como con el avance del Alzheimer.

Muchas de las afecciones típicas de la mujer están vinculadas a la inflamación crónica: ovarios poliquísticos, endometriosis e incluso osteoporosis.

Ya hemos hablado del aumento de la inflamación promovido por la obesidad; este se hace aún mayor con la disminución de los estrógenos tras la menopausia, condición que facilita la respuesta inflamatoria (Simon 2007).

Por tanto, en la medicina biorregulatoria, en todas las condiciones de afección de la salud de la mujer, especialmente en las crónicas, el tratamiento a menudo recae en tres pilares: (i) la desintoxicación y drenaje, para reducir el efecto de las toxinas del medio ambiente y el estilo de vida; (ii) la regulación del sistema inmunológico, para controlar la inflamación; (iii) y el soporte a los órganos, especialmente a aquellos directamente afectados por el estrés.

Este control se puede promover al reducir la exposición a materiales y entornos en los cuales están presentes las toxinas que alteran el sistema hormonal.

Una medida simple puede ser no almacenar los alimentos en recipientes de plástico, dado que los ftalatos (flexibilizadotes del plástico) se cuentan dentro de los ‘disreguladores’ endocrinos (Desvergne B).

Para fortalecer los órganos desintoxicantes y estimular el drenaje de las toxinas fuera de los tejidos, es recomendable el llamado ‘kit de desintoxicación’, compuesto por: Nux vomica Homaccord, Berberis Homaccord y Lymphomyosot.

En casos severos, se recomienda acudir a los servicios de un homotoxicólogo, así como a una terapia de infusión para promover el detenimiento de estos procesos.

Para la regulación del sistema inmunológico, se recomienda especialmente el uso de productos con omega 3 de alta calidad, así como de Traumeel, prescrito por un homotoxicólogo.

Por último, se dispone de diversas intervenciones para apoyar al sistema de reacción del cuerpo ante el estrés, que es el llamado eje hipotalámico-hipofisiario-suprarrenal.

El Neurexan, un medicamento extractado de plantas, puede apoyar al sistema nervioso autónomo; otras medicaciones con extractos de órganos también pueden apoyar al mencionado eje del estrés. Actividades como el yoga, pilates y la meditación también pueden ser un apoyo para el manejo del estrés causado por el estilo de vida.

En conclusión: los tres principales pilares causantes de las enfermedades en la mujer, a saber: el estrés, la inflamación silenciosa y la toxicidad, pueden ser tratados adecuadamente con medicamentos biorreguladores. Estos a menudo controlan el origen de los trastornos, por lo cual también sirven como preventivos de las enfermedades que afligen a las mujeres.

Referencias:

• Alam I Obesity, metabolic syndrome and sleep apnoea: all pro-inflammatory states. Obes Rev 2007; 8(2): 119-27.

• Brassard M. Basic Infertility including the polycystic ovary syndrome. Med Clin North Am 2008; 92(5): 1163-92.
• Colborn T, vom Saal FS, Soto AM. Developmental effects of endocrine-disrupting chemicals in wildlife and humans. Environ Health Perspect 1993;101 (5):378–384.
• Desvergne B. PPAR-mediated activity of phthalates: A link to the obesity epidemic? Mol Cell Endocrinol 2009; 304(1-2): 43-8.
• Massé J, Watrin T, Laurent A, Deschamps S, Guerrier D, Pellerin I. The developing female genital tract: from genetics to epigenetics. Int J Dev Biol 2009;53(2–3):411–424.
• Mendola P. Science linking environmental contaminant exposures with fertility and reproductive health impacts in the adult female. Fertil Steril 2008; 89(2 Suppl): e81-94.
• Simon LS. Osteoporosis. Rheum Dis Clin North Am 2007; 33(1): 149-76.

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