Relaciones de noviazgo que duelen

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Septiembre es el mes del amor y la amistad en Colombia. Expresiones de afecto, compromiso, solidaridad y cariño, entre otras, suelen aparecer en distintos ámbitos sociales. Sin embargo, el límite entre el amor, la posesión y la represión suele ser intangible cuando se trata de relaciones de noviazgo donde prima la violencia.

Una problemática social observada desde hace más de tres décadas en países de nuestro continente y más recientemente en el nuestro, es la violencia que padecen las mujeres en sus relaciones de noviazgo.

En su investigación “Violencia contra las mujeres en sus relaciones de noviazgo: su impacto en la reproducción del orden de género”, la psicóloga mexicana Eréndira Pocoroba asegura que la desigualdad por género se manifiesta a través de la manera como se conforman las diferentes instituciones sociales, que privilegian los patrones de control en favor de los hombres.

“En un sistema de dominación, como el que existe en los países en desarrollo, se presentan desigualdades sociales y de género que se sustentan en una lógica jerárquica y binaria, y suponen la subordinación de las mujeres”, explica.

Novios ‘que se creen más’

Culturalmente se reproduce en los valores, las actitudes y las creencias que se tienen respecto de lo que es ser hombre y ser mujer. La apropiación de estas pautas comportamentales y relaciones tiene mucho que ver con la violencia en el noviazgo, es decir, “se vuelve un mecanismo para restaurar el orden de género y mantenerlo en ese estado, como si fuera natural e inevitable”, apuntó la especialista.

Violencia por la OMS

La violencia es definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como el uso intencional de la fuerza o poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona, un grupo o comunidad, que cause o tenga probabilidades de provocar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

Violencia de pareja en el noviazgo

Lo que Pocoroba encontró en su investigación, es que hay tres ejes en los que se reproduce el orden de género a través de la violencia contra las mujeres en esa etapa.

Primero: se repite la concepción sujeto-objeto, es decir, aquella que considera a la mujer un objeto y, por lo tanto, le resta la capacidad reflexiva y racional, parte de los componentes otorgados a los sujetos para participar en espacios públicos y políticos, entre otros.

“De este modo, los hombres suponen que la mujer con la que han establecido un noviazgo es de su propiedad y controlan el uso de su cuerpo y su ejercicio sexual, mediante la regulación constante de su vestimenta: su escote, el largo de la falda o de su cabello”, ejemplificó.

De acuerdo con la investigadora, la violencia contra las mujeres es producto del proceso de socialización imperante que lleva a los varones a pensar que pueden actuar así. De ahí que en algunas ocasiones los jóvenes de ambos sexos no la identifiquen como tal y le otorguen otros significados asociados a lo erótico o lúdico.

Segundo: tiene que ver con la reiteración del orden de género en cuanto a diferenciar lo masculino de lo femenino. “Los hombres tienden a limitar cierta gama de expresiones afectivas y a exaltar el interés sexual como un elemento natural de ellos, mientras que de las mujeres se espera que restrinjan su sexualidad y sean más recatadas. Por lo demás, ellas son percibidas con mayores facultades para el trabajo emocional”.

Tercero: se reproduce el ordenamiento social mediante la división, socialmente construida, de los espacios público y privado.

“Una manera de ejercer violencia emocional es devaluarlas, humillarlas y degradarlas. Por ejemplo, cuando deciden acceder a espacios que social y tradicionalmente se vinculan a lo masculino. Este tipo de creencias y normas conforma la base para justificar, minimizar, trivializar, incluso naturalizar la violencia contra ellas en este tipo de relaciones”, concluyó.

Recomendación final

Las mujeres deben ser conscientes de este tipo de actitudes en sus relaciones de noviazgo y extender su conocimiento entorno a su derecho como mujeres de amar sin apego, es decir, sin considerar que deben ser controladas o que son “propiedad” de alguien.

Es importante que sepan que son sujetas de derechos en el amor, y desde esa orilla compartir con su pareja el conocimiento sobre lo que debe ser una relación fundamentada en el respeto y la no violencia.

Más información
www.unam.mex

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