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Mauricio Molano, Su vida, una meditación de 365 días

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El conocido hombre de negocios Mauricio Molano, directivo de Productos Ramo, tiene un estilo de vida que, lejos de las modas del momento, es el resultado de un largo trabajo de profundización de su camino espiritual para relacionarse más respetuosamente con el ecosistema.

Por: Alejandra Buitrago Salamanca

Cada mañana, y lo ha hecho durante los últimos 27 años, Mauricio Molano Camacho se levanta a tomar el sol acompañado de una bebida del zumo de zanahorias, espinacas, lechugas, tomate y apio. Seguidamente, desayuna huevo cocido y una taza de café.

Luego, en traje deportivo se dirige al “balneario”, un rincón de su casa al aire libre, donde, con celulares a la mano y un computador portátil retoma, a la sombra de un parasol, su trabajo como integrante que es de la familia fundadora de productos Ramo.

Alrededor, tiene un enorme jardín bordado por un manto de buganvilias, al lado del viejo árbol de papayuela y una reciente huerta de cultivos limpios con semillas de lechugas crocantes traídas de Tudela, España; remolachas, acelgas, cebollines, cebollas, espinacas, magnolias, ruda, sábila, tomillo, pino, albahaca y romero, propio de su vegetarianismo.

Cuando llega la media mañana, Molano come frutas picadas con algo de maní, o semillas secas y un trozo de queso de soya (tofu) o de leche de vaca… ¡Sí, de vaca…! “Consumo mantequilla, lácteos, miel de abejas y huevos mientras eso no ponga en peligro a los animales”, aclara.

Vive cada segundo por mil, pero da la impresión de estar en vacaciones, relajado y sonriente. Tiene su tiempo milimétricamente organizado, aunque es flexible si las cosas no salen como quiere; viaja alrededor del mundo y dentro de Colombia frecuentemente, al tiempo que estudia con pasión el desarrollo de las diversas culturas de la humanidad a lo largo de la historia.

Ha tomado un amor profundo a los animales después de visitar mataderos donde dice haber visto a las vacas llorar mientras caminaban hacia la muerte:

“La angustia que sienten las hace segregar toxinas que luego intoxican a quienes consumen su carne”, asegura, reconfirmando su vegetarianismo.

Saca el tiempo justo para todo, incluso para cumplir a cabalidad su gestión como presidente de la Fundación Social Molano y de su propia fábrica de colchones.

Camino a la espiritualidad

Este empresario se inició en un proceso de evolución en su camino espiritual que, a pesar de ser un católico ferviente, le llevó a creer en la reencarnación. “Esta fue parte de las creencias de los líderes de la iglesia católica antes del Concilio Vaticano I, cuando, mediante alianzas religioso-políticas por la dominación económica y social, eliminaron esa idea”, sostiene.

Creer en la reencarnación transformó su vida y le proporcionó otra visión de la muerte.

Hasta hace seis años, tomaba de vez en cuando whisky, entonces en broma dice que era “lactoovo-whisky-vegetariano”. Ya no fuma, no mata animales, no tolera un trago ni para un brindis; está en contra de las fumigaciones; asegura que la decisión de orientar su vida hacia una espiritualidad más profunda le ha permitido abrir su mente hacia un mundo más ecológico y universal.

Sin embargo, no es fanático del tema; su familia más cercana no le sigue el ejemplo. Al principio trató de convencerlos pero fue inútil: “Comprendí que no estaban preparados”, comenta tranquilo.

Solo, siguió su camino espiritual.

Ha estudiado todas las religiones, conoció el Sendero de los Maestros, el hinduismo y algunas ramas del budismo; de cada una ha obtenido un aprendizaje que le ha permitido fortalecer su nueva orientación de existencia.

Un largo proceso

La vida de Mauricio Molano no siempre fue así. Hace 27 años consumía licor sin límite; fumaba tres paquetes de cigarrillos al día; comía carne y todo tipo de animales hasta que enfermó del Síndrome de Gilbert, una patología que le puso la piel amarilla y le hizo padecer síntomas similares a los de la cirrosis. Pensó que moriría.

Por los mismos días un familiar cayó víctima de una enfermedad que la medicina alópata diagnosticó como incurable. Juntos conocieron nuevas alternativas de curación y se abrieron camino hacia la medicina natural. En Francia, donde les llaman “medicinas dulces”, le hablaron de un prestigioso médico colombiano, Germán Duque, de Popayán.

Fue él quien le mostró el vegetarianismo.

Al principio, Mauricio abandonó las carnes rojas y al mismo tiempo se inició con la meditación. Luego de un viaje a Suramérica al que fue invitado, junto con un grupo de líderes latinoamericanos, por la Fundación Parners of the Americas, para conocer desarrollos sociales y espirituales, dejó el pollo y el pescado.

En su búsqueda, el reconocido médico Santiago Rojas, especialista en medicina natural, le recomendó los libros La enfermedad como camino y Las etapas de la vida de Thorward Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, y El amor, medicina milagrosa, de Bernie Siegel, médico cirujano que manejaba grupos de sanación.

Otra autora que marcó este cambio en Mauricio, fue la psiquiatra suiza Elisabeth Kubler-Ross, con su obra Mariposas, donde narra su experiencia al visitar un campo de concentración nazi recién cerrado y encontrar un contenedor con 60.000 pares de zapatos de niños que fueron sacrificados. Antes de morir, los niños pintaron orugas en las paredes de las barricadas, porque de una manera natural e instintiva consideraban la muerte no como un final sino un cambio al transformarse en mariposas.

Para Molano, su proceso ha sido lento y progresivo. Ahora, se inclina más por la medicina natural y las curaciones alternativas, dejando a un lado los diagnósticos tradicionales o bien la medicina alópata.

El agro, vida para las urbes

Quiere que su historia se extienda a los demás. En la Fundación maneja una docena de proyectos: las “agro-urbes”, por ejemplo, con plantas ornamentales, terapéuticas, frutales y hortalizas que forman parte de lo que él llama el “proceso de seguridad alimentaria”. Tiene cultivos experimentales en diferentes zonas rurales y apoya los cultivos orgánicos limpios de maíz, quinua y achira con familias del Huila y el Tolima y en los municipios de Mosquera y Pasca, en Cundinamarca.

Adicionalmente, coordina con la Asociación de Productos Naturales y Hierbas Aromáticas la fabricación de un destilador portátil para llevarlo donde se generan excedentes, con el fin de que los campesinos que trabajan con esta organización tengan las herramientas adecuadas y, finalmente, prefieran quedarse en el campo.

Sabe que está en el proceso…

Llega la hora del almuerzo, y fiel a su vegetarianismo, lo compone por ensaladas, frutas y siempre una proteína que puede ser el tofu o gluten de soya, lentejas, fríjoles y garbanzos.

Tras haber logrado un verdadero cambio en su camino espiritual, Mauricio expresa enérgicamente que el sentido de su vida es ayudar a los demás a encontrar el suyo propio y que, a diferencia de muchos que llevan a cabo su meditación a determinadas horas, él decidió que su vida sería una meditación las 24 horas del día, los siete días de la semana.

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