La medicina biológica, la fertilidad y el ovario poliquístico

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La medicina biológica

La fertilidad y el ovario poliquístico

Un manejo integral de uno de los mayores síndromes causantes de infertilidad –el ovario poliquístico- logra no solo cumplir el ideal de un embarazo, sino además, mejorar emocional, mental y físicamente el estado de salud de la pareja.

Por: Juan Carlos Mendoza A., MD*

Uno de los procesos que comúnmente se ha relacionado con la infertilidad femenina es el denominado síndrome de ovario poliquístico, el cual, en mi opinión, como sucede con muchas de las enfermedades clasificadas convencionalmente, no siempre corresponde a una misma afección, sino que comparte matices de diferentes desórdenes que terminan produciendo una misma sintomatología.

El ovario poliquístico corresponde en realidad, a una gama de alteraciones tanto en la función ovárica y sistémica, que además involucra desequilibrios en diferentes funciones orgánicas relacionadas entre sí.

Este concepto se ha venido manejando desde hace unos 20 años, a la luz de la denominada “psiconeuroinmunoendocrinología”, y que se relaciona con ciencias como la epigenética y la genómica. La epigenética, es el estudio sobre la relación entre los genes y el medio ambiente, mientras que la genómica, una de las áreas más vanguardistas de la biología, estudia integralmente los genomas. Dicha integración nos ha permitido entender que el enfoque terapéutico para estos casos tiene múltiples posibilidades, tanto desde el punto de vista convencional como desde la medicina biológica.

De acuerdo con los estudios científicos más recientes, el síndrome del ovario poliquístivo afecta, aproximadamente, al 10% de las mujeres en edad reproductiva (entre los 15 y 50 años). Además, es el responsable de problemas de la ovulación hasta en un 75% de los casos, y es relativamente común en las mujeres que tienen problemas para conseguir un embarazo de forma espontánea.

Características del síndrome del ovario poliquístico

En el denominado síndrome del ovario poliquístico, existe un desequilibrio en la producción y regulación de las hormonas sexuales femeninas (estrógeno y progesterona), que afecta el ciclo menstrual; así mismo, hay un exceso de andrógenos (hormonas masculinas) que suele provocar alteraciones de la piel, así como la presencia de vello en exceso (hirsutismo).

Uno de los signos que permite sospechar el diagnóstico del síndrome del ovario poliquístico es la presencia de múltiples pequeños quistes en los ovarios que se evidencia en las ecografías, preferiblemente practicadas por vía transvaginal.

Los quistes son pequeños sacos de líquido que llegan a madurar justamente en la zona donde se liberan los óvulos. Cuando se presenta el síndrome del ovario poliquístico , éstos, sin embargo, no maduran y no son liberados por el ovario, y esto implica una dificultad para concebir.

Sin embargo, cabe advertir que alrededor de un 20% de las mujeres a quienes se les realiza una ecografía transvaginal presenta imágenes de sus ovarios compatibles con el diagnóstico, aunque la mitad no tiene otros síntomas o signos relacionados con síndrome del ovario poliquístico y no padecen en general de ningún problema de salud.

Los signos de alerta

Es motivo de sospecha del síndrome del ovario poliquístico cuando hay ausencia de ciclos menstruales o irregularidades en ellos, disminución del tamaño de los senos, engrosamiento de la voz, agrandamiento del clítoris y aumento del vello corporal en abdomen y cara; puede presentarse, además, acné y en ocasiones aumento de peso (hasta en el 50% de los casos). Igualmente, existe una relación con el aumento del riesgo de desarrollar diabetes e hipertensión, así como también de que se incremente el riesgo de aborto.

Obviamente, por la ausencia de ovulación, sobreviene la infertilidad.

Como se mencionó previamente, no todas las mujeres que manifiestan alteraciones de la ovulación tienen síndrome del ovario poliquístico, pero algunas que presentan signos clásicos del síndrome no tienen, sin embargo, dificultades con su menstruación ni con lograr un embarazo.

Es importante saber que las mujeres con síndrome del ovario poliquístico tienen mayor riesgo de sufrir, con el tiempo, enfermedades cardiovasculares, hipertensión arterial o diabetes. La afección también se relaciona con un proceso denominado síndrome de resistencia a la insulina, lo cual lleva a un aumento de los niveles de azúcar en la sangre. Este fenómeno se observa normalmente en mujeres obesas.

Parámetros de diagnóstico

El diagnóstico, entonces, está basado en hallazgos del examen físico y la ecografía, complementados con exámenes de tipo hormonal y metabólico (glucemia, insulina y colesterol, entre otros). Conforme con esta valoración integral, se seleccionará el manejo más adecuado para cada caso en particular.

Dadas las condiciones clínicas del llamado síndrome del ovario poliquístico, se puede deducir que la gama terapéutica, gracias a la influencia, entre otras, de la genómica y la epigenética, es muy amplia, e involucra diferentes herramientas encaminadas a regular los procesos que se encuentren alterados.

Con ello, se consigue que estos procesos vuelvan a la normalidad, se produzca el embarazo y se mantengan las funciones dentro de parámetros normales, mientras se controlan o previenen desórdenes metabólicos y posibles alteraciones como daño endotelial o lesiones en útero y senos; estos últimos, altamente involucrados con los desórdenes hormonales.

Un camino integral

La medicina biológica cuenta con múltiples estrategias para este fin. Por experiencia, las pacientes con sobrepeso u obesidad -ejemplo-, que logran una reducción de peso obtienen una mejoría sustancial de su condición consiguiendo, consecuentemente, ciclos de ovulación espontánea.

En estos casos, una programación dietética apropiada ayuda a conseguir el fin propuesto; La reducción de peso en pacientes con síndrome del ovario poliquístico, si bien puede ser complejo, resulta viable si se tiene una visión holística y el apoyo terapéutico pertinente.

Ciertos medicamentos y terapias biológicas sensibilizan las respuestas celulares y orgánicas, lo cual, con soporte en medidas sencillas tales como regulación de los horarios de comida, el consumo de proteínas bajas en grasa y la actividad física regular, ayudará a mejorar y limpiar múltiples condiciones orgánicas que facilitan el embarazo, y además, permiten un mejor pronóstico y evolución de la salud de la madre y el bebé.

A la hora de concebir no solo deben tenerse en cuenta los aspectos o problemas físicos; es primordial tener en cuenta, además, la estabilidad de la pareja e identificar las causas que generan la dificultad de embarazarse.

La pareja debe tener acceso a todos los tratamientos terapéuticos posibles, que incluyen la intervención tanto de la medicina convencional como de la holística, pues la medicina es una sola: tiene un mismo propósito, pero diferentes formas de evaluar y tratar los desequilibrios orgánicos y mentales. Estos tratamientos facilitan el logro de la gestación, garantizan su mejor evolución y disminuye sus riesgos.

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