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¿Cuál es la diferencia entre comestible y alimento?

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Frecuentemente confundimos el concepto nutricional de alimentos y comestibles

Por: Dr. Edgar Estrada Serrato
Medico Ortopedista, Medicina Biológica
Email: estrada.edgar@yahoo.com

Los alimentos nos aportan nutrientes, proteínas, carbohidratos, grasas insaturadas, vitaminas y los minerales necesarios para nuestra vida diaria.

Entre tanto, los comestibles son cosas que se dejan comer. Generalmente son comidas de paquetes, las cuales sólo nos entregan excesos de calorías y sal, que nos hacen engordar. En los comestibles, el sodio es usado como sal conservante para evitar la descomposición del producto.

Se le suman elementos químicos derivados del azufre, como los colorantes tartrazina, utilizados para embellecerlo, haciéndolo más llamativo a los ojos del comprador desprevenido.

También, encontramos en ellos glutamato monosódico como potenciador del sabor, que al ser ingerido en nuestro organismo produce ansiedad por consumir más del mismo producto, haciendo casi imposible detener la necesidad de abrir otro paquete.

No podemos olvidarnos de los saborizantes artificiales, los estabilizantes, los anti humectantes, los odorizantes, que mejoran el sabor y encubren el olor de los químicos.

Si nos inclinamos por los embutidos o carnes frías como jamones, el peligro está en la sal de nitro que es utilizada como preservativo y además ofrece un color rojo. El uso de esta sal está asociado a la presencia de cáncer gástrico.

Un consumo lleva a otro: como consumimos exceso de sal, el organismo nos da la orden de ingerir líquidos. Y el problema es que no se nos ocurre tomar agua.

Lo que hacemos es matar esa ansiedad consumiendo bebidas gaseosas, que aportan más colorantes, endulzantes como el azúcar o, peor, las bebidas Light, que llenan el organismo de aspartame o acesulfame, que intoxican y limitan la capacidad detoxificante de nuestro cuerpo.

Muchas veces salimos a los supermercados acompañados de nuestros hijos pequeños y terminamos comprando demasiados paquetes y pocos alimentos verdaderos. Llenamos el carro del supermercado de muchas cosas costosas que se dejan comer y poco aportarán a nuestra salud y a la del grupo familiar.

Nuestros hijos pequeños, víctimas de los comerciales, se habitúan a pedir como primer alimento esos comestibles o carnes de embutidos, lo cual los lleva a presentar frecuentemente enfermedades de piel o alergias pulmonares, o intestinales, que no asociamos con esos malos hábitos nutricionales.

Comer bien se vuelve algo confuso. Vivimos un mundo complejo, cada vez más contaminado, y el riesgo de no enfermar depende de la capacidad de reacción de nuestro organismo.

Somos lo que comemos, como también somos lo que pensamos. Por lo tanto, nuestro estado de salud depende directamente de que entendamos que debemos evitar al máximo posible el consumo de comestibles.

Un consejo: iniciemos las compras por el fondo del supermercado. Allí generalmente está localizada la sección de frutas y verduras. La compañía de nuestros hijos menores es importante, pero no los llevemos a comprar y, si lo hacemos, no permitamos que nos induzcan a comprar comestibles.

Si les hacemos caso, terminaremos llevando lo que no los alimenta.

De ser posible, prefiramos las verduras y frutas de cultivos orgánicos que, aunque con un costo un poco más elevado, nos aseguran un menor consumo de productos tóxicos y de plaguicidas.

Comer bien es más barato que comer mal. En nuestro país tenemos la oportunidad de tener frutas de temporada todo el año. Termina siendo más económico comprarla y más nutritivo consumirla que comprar una gaseosa de 1 litro o un jugo de caja.

Como acertadamente recomienda la medicina biológica, iniciemos el día con una buena porción de fruta, una proteína como la clara del huevo, una porción de pollo o pescado, un vaso de leche de soya o algo de quínoa.

Dejemos de lado los productos sintéticos. Esos comestibles no aportan nada positivo para nuestra nutrición, ni a la de nuestros hijos, que requieren nutrientes verdaderos para poder crecer sanos y fuertes.

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