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Aprendamos a expresar nuestras emociones

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Aprendamos a expresar nuestras emociones

 

La inteligencia emocional es la capacidad que tenemos los seres humanos para reconocer nuestras emociones, reconocer las emociones de los demás y la habilidad para manejarlas. (Goleman, 1998).

Los especialistas coinciden en indicar que al ser ‘inteligentes emocionalmente’ manifestamos la esencia del propio individuo, pues esta inteligencia consiste en ser capaz de conocer las emociones, las situaciones y los pensamientos que las desencadenan, y la forma como se expresan dentro de un contexto determinado.

Frente a una misma situación las respuestas emocionales y comportamentales pueden variar dependiendo del contexto.

La emoción es la reacción fisiológica que experimentan los individuos como respuesta a un estímulo, interno o externo, consciente o inconsciente.

El pensamiento interpreta la situación con base en un aprendizaje previo y de acuerdo con ello genera emociones placenteras o adversas, explica María Fernanda Medina, sicóloga clínica.

“Si la situación cumple con las expectativas, seguramente se sentirá euforia o alegría, de lo contrario se experimenta tristeza o frustración”, complementa la especialista.

Los tipos de inteligencias

Según Daniel Goleman, gurú de la teoría sobre la inteligencia emocional, este concepto comprende un conjunto de destrezas, actitudes, habilidades y competencias que determinan la conducta de un individuo, sus reacciones, estados mentales, etc., y puede definirse, como la capacidad de reconocer los propios sentimientos y los de los demás, motivarnos, y de manejar adecuadamente las relaciones.

La inteligencia emocional tiene dos componentes:

– La inteligencia personal: compuesta por una serie de competencias que determinan el modo como el ser humano se relaciona consigo mismo. Esta inteligencia comprende tres componentes:

Conciencia en uno mismo: es la capacidad de reconocer y entender sus propias fortalezas, debilidades, estados de ánimo, emociones e impulsos, así como el efecto que estos tienen sobre los demás y sobre el trabajo.

Por ejemplo, aquellas personas con habilidades para juzgarse a sí mismas de forma realista, conscientes de sus propias limitaciones y quienes admiten con sinceridad sus errores, son sensibles al aprendizaje y poseen un alto grado de autoconfianza.

Autorregulación o control de sí mismo: es la habilidad de controlar las propias emociones e impulsos para adecuarlos a un objetivo, responsabilizarse de los propios actos y pensar antes de actuar y de evitar los juicios prematuros.

Por ejemplo, las personas que poseen esta competencia son sinceras e íntegras, controlan el estrés y la ansiedad ante situaciones comprometidas y son flexibles ante los cambios o las nuevas ideas.

Automotivación: es la habilidad de estar en un estado de continua búsqueda y persistencia en la consecución de los objetivos, haciendo frente a los problemas y encontrando soluciones.

Por ejemplo, las personas que muestran gran entusiasmo por su trabajo y por el logro de las metas por encima de la simple recompensa económica, con un alto grado de iniciativa y compromiso, y con gran capacidad optimista en la consecución de sus objetivos.

– La inteligencia interpersonal: esta inteligencia está compuesta por otras competencias, adicionales a las mencionadas anteriormente, que determinan el modo en que nos relacionamos con los demás:

Empatía: es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás, poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales.

Por ejemplo, las personas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones, que normalmente tienen mucha popularidad y reconocimiento social, que se anticipan a las necesidades de los demás y que aprovechan las oportunidades que les ofrecen otras personas.

Habilidades sociales: es el talento en el manejo de las relaciones con los demás, en saber persuadir e influenciar a los demás. Por ejemplo, las personas que son excelentes negociadores, tienen una gran capacidad para liderar grupos y para dirigir cambios, y son capaces de trabajar colaborando en un equipo y creando sinergias grupales.

Según Goleman, la inteligencia emocional no se establece al nacer, se puede crear, alimentar y fortalecer a través de una combinación del temperamento innato y las experiencias de la infancia. Por lo tanto, desde niños se deberían aprender nociones emocionales básicas a manera de una medicina natural para crecer espiritualmente.

Reconocer emociones

Una buena manera de aprender las nociones emocionales básicas es reconocer que todos los seres humanos sienten emociones positivas y negativas y que su manejo no está en evitarlas o reprimirlas sino en reconocerlas y expresarlas de forma adecuada.

Para esto se requiere un estado continuo de vigilancia, conciencia e introspección que permita a cada individuo conocerse cada vez más. Se puede comenzar siguiendo este esquema:

1. Reconocer cuáles son las principales emociones que experimento día a día y cómo se manifiestan en mi cuerpo.

2. Identificar en qué contextos y con qué personas se me desencadenan determinadas emociones.

3. Escribir qué ideas o pensamientos llegan a mi mente cuando experimento alguna de esas emociones.

4. Revisar conscientemente cómo expreso mi emoción. Evaluar si es de forma asertiva, agresiva o no se expresa.

La expresión de las emociones juega un papel fundamental en relación con el respeto hacia las otras personas y las normas del contexto en el cual se desarrolla una persona. Expresar las emociones no puede darse en contra vía de los derechos fundamentales de los demás.

Debemos revisar los pensamientos que desencadenan las emociones con el objetivo de hacerlos más funcionales y adaptativos, y de esta manera tomar conciencia de la forma en que estas emociones son expresadas, respetando y valorando a las personas que nos rodean, finaliza la doctora Medina.

La fisiología emocional

El sistema límbico es el encargado de recibir y enviar la información para que cada persona experimente las diferentes emociones. Se activa en distintas áreas del cerebro. Entre las reacciones fisiológicas más comunes encontramos:

• La aceleración del ritmo cardiaco
• La aceleración de la respiración
• La ruborización
• El temblor en la voz
• El temblor en las extremidades
• La sudoración

Más información
mafemc39@gmail.com

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