¡Tengo un tic!

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¡Tengo un tic!

¿Algo malo en mi cerebro?

 
¿Una maña?, ¿Un problema neurológico?, ¿Qué es en realidad un tic? Ese raro y molesto movimiento involuntario, aunque es muy conocido, es poco entendido.

 Una noticia que parecía poco creíble y que salió publicada en las primeras páginas de los medios latinos en julio de 2011, cautivó la atención de los lectores. En mayo de 2011, una niña llamada Ayleen Cereceda empezó a estornudar hasta doce mil veces al día.

Se le volvió un problema crónico e intolerable. Fue un caso tan poco común que la niña tuvo que ser atendida por un amplio grupo de especialistas, que incluyó a otorrinos, inmunólogos, neurólogos, psiquiatras y psicólogos.

 La neuropediatra Macarena Landaeta, del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, en Santiago, donde estuvo internada la pequeña, dijo que, luego de los respectivos análisis, se llegó a la conclusión de que la menor tenía un tic exacerbado por un tema emocional.

Luego de recibir un tratamiento multidisciplinario, la niña redujo sustancialmente sus estornudos, hasta una cantidad prácticamente normal. ¿Cómo pudo ocurrir esto?, ¿qué motivo a la menor a estornudar más de diez mil veces diarias?

Luis Francisco Barón Cuervo, médico cirujano, especialista en neurología y electroencefalogía, con estudios en homeopatía y sintergética, nos explicó todo lo relacionado con los tics.

Los tics son movimientos involuntarios, rápidos, a veces bruscos, estereotipados, desordenados, espasmódicos (aparecen y desaparecen), no intencionales, que se presentan en reposo, y aumentan cuando la persona está ansiosa. Existen de diferentes clases: faciales, de cabeza y cuello; de tronco y miembros; respiratorios y fonatorios; y orgánicos.

Todos ellos se manifiestan de diferentes formas, por lo que las personas pueden sacar la lengua, torcer la boca, masticar, mover la nariz, encoger los hombros, hacer sonidos como gruñidos, estornudar, presentar fatiga, suspirar, tener carraspera, tos o hacer movimientos con la lengua.

De toda la clase de tics que se pueden manifestar, hay uno que demanda una atención especial, y es el de Gilles de la Tourette. Este es un tic orgánico que se manifiesta en el individuo antes de los 18 años y puede afectar a personas de cualquier grupo étnico y sexo.

Es un trastorno neurológico que se caracteriza por movimientos involuntarios repetidos y por presentar una especie de tartamudeo. En algunos casos, el tic de la Tourette viene acompañado de coprolalia (decir groserías) y de ecolalia (repetir lo que otros dicen, a modo de eco). Un 30% de los pacientes lo adquieren por herencia familiar.

 ¿De dónde provienen?

Los tics se pueden desarrollar en cualquier etapa de la vida y su causa mayor está relacionada con los problemas emocionales. Usualmente, los vemos en niños que se ven enfrentados a cambios drásticos, como la entrada o el cambio de colegio. Hace poco tuve una paciente que estaba sufriendo bulling escolar (abusos), entonces empezó a hacer movimientos inusuales con sus manos.

Cuando la llevaron al médico, le declararon epilepsia y la empezaron a tratar con antiepilépticos. Hubo una mejora, pero ésta llegó acompañada de otro síntoma: afasia (dificultad para hablar).

En ese momento, sus padres se desconcertaron y fue cuando la conocí y detecté que tenía problemas emocionales severos. La tratamos con medicamentos homeopáticos, la cambiaron de colegio y hoy en día está muy bien”, cuenta el doctor Barón.

 Esto significa que la mayoría de tics son de origen emocional; es decir que son tratables, controlables y se pueden eliminar. El único que no se puede curar, pero sí controlar, es el de Tourette, por ser un daño neurológico. Debido a este componente emocional en los tics, hay que hacer un estudio completo y responsable, como lo explica el neurólogo Barón:

En este tipo de problemas, usualmente, los médicos usan los anticonvulsivos o neurolépticos para descartar eventos epilépticos, pero yo recomiendo tener un diagnóstico exacto, ya que estos medicamentos suelen generar adicción. Si el electroencefalograma es normal y, además, el análisis psicológico arroja que el menor tiene un problema emocional, se deben descartar estos tratamientos farmacológicos.

Contrario a esta dirección, la medicina alternativa trata de solucionar el problema usando diferentes terapéuticas. Por ejemplo, se puede trabajar con poliedros (figuras que tienen múltiples lados armoniosamente configurados, como el cubo), los cuales se ponen sobre ciertos órganos y en los chakras para que, a través de un protocolo rigurosamente estudiado y comprobado, se pueda reordenar la energía de éstos y, por ende, de todo el organismo.

También está la opción de trabajar con el láser frío o de baja potencia, que se utiliza para estimular la reparación de tejido. La luz del láser penetra en la superficie de la piel, sin efecto de calentamiento, y dirige la energía de la luz bioestimulativa a las células del cuerpo que se convierten en energía química para promover la curación natural y el alivio del dolor.

Otra de las alternativas es la hipnosis, proceso por el cual el médico puede influir en el subconsciente del paciente para disminuir o aliviar determinadas conductas no deseadas, utilizando como herramienta la sugestión y la palabra.

Todas estas alternativas de sanación menos agresivas y antifarmacológicas, llevadas a cabo por especialistas, procuran una atención más completa y humana del paciente. Lo importante y recomendado ante cualquier tipo de enfermedad es identificar con claridad los síntomas, y nunca descartar la parte emocional del paciente.

 ¿Tic o epilepsia?

Para poder diferenciar un síndrome epiléptico de un tic, es importante: conocer la historia clínica del paciente, entender que las crisis epilépticas empiezan a temprana edad, analizar el entorno familiar, examinar el estado de conciencia para ver si la persona o el menor presenta ausencias cuando está despierto (como desconectarse), o si pierde la conciencia, lo cual permite intuir que se trata de epilepsia.

 DATO CLAVE

Los pacientes psiquiátricos suelen tener muchos tics, como consecuencia o  efecto secundario de los medicamentos neurolépticos. Para este tipo de pacientes, la homeopatía ha encontrado en la naturaleza medicinas ideales, que trabajan la ansiedad, la angustia y la depresión.

Por: Paola Andrea Martínez
CON LA ASESORÍA DE LUIS FRANCISCO BARÓN CUERVO,
MÉDICO CIRUJANO, ESPECIALISTA EN NEUROLOGÍA Y ELECTROENCEFALOGÍA;
CON ESTUDIOS EN HOMEOPATÍA Y SINTERGÉTICA
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