La sexualidad, el amor y sus moléculas

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La sexualidad, el amor y sus moléculas

Descubiertos los neurotransmisores encargados de despertar en los seres humanos las sensaciones de placer, deseo, excitación y atracción, cuando éstas se pierden o sobrevienen los desórdenes de tipo sexual, ya es posible tener un tratamiento con excelentes resultados y cero efectos secundarios.

POR: Alessandro Perra, MD
Medicina biológica

¿Qué hizo que su corazón latiera tan rápido como nunca, y lo pueda hacer latir así otra vez?

¿Qué hizo que sintiera tantas veces la sensación de absoluto, completo e intenso placer y bienestar?

Es inútil negarlo; pocas partes de nuestra vida son tan importantes como la sexualidad, pero, al mismo tiempo, pocas manifestaciones de nuestra existencia son tan delicadas y complejas como la de la esfera sexual.

Es posible influenciar, positiva o negativamente, su bienestar tanto físico como mental, su satisfacción personal, su balance físico-psicológico y sus relaciones con otros, para lograr algo que se resume en dos palabras: su felicidad.

La sexualidad es un elemento primordial en nuestra vida. Es el deseo más poderoso, intuitivo y natural; es indispensable para todo hombre y toda mujer; es el más extraordinario (y el más agradable) medio de comunicación entre seres humanos. Es la esencia de la vida como tal.

Es un instinto muy poderoso para traer de vuelta a los hombres y a las mujeres a la más íntima y antropológica esencia de su propia naturaleza animal.

Es uno de los pocos momentos en la existencia en los que tanto hombres como mujeres son capaces (o, por lo menos, deberían serlo) de dejar de lado cualquier infraestructura cultural, social o de rol de cada género, y permiten salir su esencia íntima.

Sin embargo, según las estadísticas, del 30 al 40% de la población adulta sufre de alteraciones relacionadas con el deseo sexual –conocidas en el argot médico como desórdenes del deseo sexual hipoactivo (DDSH)– o se declara insatisfecha con su vida sexual.

Neurotransmisores de la pasión

Hoy sabemos que las más extraordinarias y poderosas emociones de nuestras vidas tienen una base biológica y molecular. A través del tiempo, el hombre ha estudiado las estrellas, las plantas, las piedras y los animales. Solo en los últimos siglos hemos empezado a indagar en nosotros mismos y a analizar nuestro comportamiento y su mecanismo.

En las décadas recientes, una nueva área de la medicina (neurociencia) ha surgido, lo que nos ha permitido entender la bioquímica, la anatomía y la fisiología de la pasión y de las emociones básicas, tales como la agresividad, la depresión, la ansiedad, etc.

Hoy sabemos que nuestro comportamiento, emociones, procesos cognitivos, así como todas las actividades de nuestro cerebro en general, son realizadas por los ya definidos y conocidos neurotransmisores.

El rápido avance del conocimiento en este campo ha sacado a la luz muchos detalles acerca de la más profunda emoción universal: el enamoramiento.

Con estos adelantos, llegará un punto en el que la investigación sobre las bases fisiológicas del amor y la sexualidad podrá ser capaz de ayudar a millones de personas que se enferman de amor o sufren profundamente.

También podrá servirles a aquellos que le fallaron al enamoramiento o quienes no disfrutan de uno de los más extraordinarios regalos de la naturaleza: el sexo. Los progresos en esta área han permitido que actualmente miles de hombres y mujeres hayan recuperado la intensidad perdida en sus sensaciones.

Bajas dosis con altos resultados

Investigaciones adelantadas por Laboratorios GUNA1 en el campo de la biología molecular y la medicina fisiológica regulatoria han arrojado dos medicamentos innovadores en el tratamiento de los desórdenes sexuales: Guna Mars (para hombres) y Guna Venus (para mujeres), que son expresiones de vanguardia en el campo de la farmacología. De hecho, estos combinan compuestos de la tradición homeopática con “moléculas mensajeras” (hormonas y neuropéptidos) de la biología molecular.

Básicamente, la innovación consiste en el uso de bajas dosis fisiológicas de estas moléculas mensajeras preparadas con una técnica farmacéutica particular llamada activación cinética secuencial (ACS). Esta permite la administración de pequeñas dosis de hormonas, neuropéptidos, citoquinas y factores de crecimiento, para lograr los mismos resultados que los obtenidos por las altas dosis, pero sin efectos secundarios2.

Restaurar la fisiología de la sexualidad

Las bajas dosis fisiológicas de estos medicamentos restauran la fisiología de los circuitos neurotransmisores que presentan alteraciones cuando se experimentan desórdenes sexuales, con lo cual se consigue una mejoría sustancial en este aspecto. Dicho tratamiento puede ser usado por jóvenes, adultos y adultos mayores, y resulta de gran ayuda en los períodos de elevado estrés físico y mental, condición de la cual cada día somos más víctimas.

También es ideal para esas etapas en las cuales la persona siente como si estuviera perdiendo el interés en la actividad sexual; cuando las presiones de la vida diaria y el trabajo lo llevan a “deserotizar” a la pareja; en los inevitables momentos de fatiga sexual.

Cuando la pereza e indiferencia ganan en las relaciones; cuando se necesita ayudar a la libido a despertarse; cuando se quiera volver a sentir las mismas emociones de las “primeras veces”; y cuando se desee volver a experimentar la intensidad de “aquellos tiempos”.

El medicamento, tanto en su versión para hombre como para mujer, está formulado para actuar simultáneamente en mente y cuerpo, y en las diferentes fases de la sexualidad.Es, definitivamente, un tratamiento para la pareja, que irradia sus beneficios en el complejo sistema cuerpo-mente-emociones-sensaciones.

Las moléculas del amor

Si hablamos de las moléculas del amor y la sexualidad, debemos destacar dos en particular y que están presentes en los dos fármacos: la oxitocina y la dopamina. La primera, se refiere a una hormona segregada por el hipotálamo, a la que se le han atribuido múltiples funciones y que, en los últimos años, ha sido estudiada extensivamente desde que su rol en el desarrollo de las relaciones interpersonales fue comprobado (también es llamada “hormona de la sociabilidad”). Se ha descubierto, por ejemplo, que a las personas autistas les falta oxitocina.

Pruebas recientes mostraron que la oxitocina igualmente juega un rol fundamental en la dinámica sexual de la pareja. Es más, se observó que durante el coito grandes cantidades de oxitocina son producidas en ambos sexos (más en las mujeres), en proporción directa con el sentimiento de placer.

Ha resultado muy curioso el hecho de que durante los estudios del comportamiento de la oxitocina se haya detectado que esta se genera en mayor proporción en la intimidad de las relaciones maritales (de parejas estables o permanentes) que en las esporádicas. Este mecanismo tiene un profundo significado antropológico:

El placer durante el acto sexual lleva a las parejas a buscar más satisfacción en su pareja que en otra parte. Así, la “sexualidad saludable y bien llevada” es en realidad –hasta por lo fisiológico– un vínculo extremadamente fuerte y, antropológicamente hablando, ayuda a preservar la integridad de la familia.

La segunda molécula, la dopamina, un neurotransmisor responsable de la motivación, el deseo sexual y la excitación. Es además la sustancia que, en términos farmacológicos, brinda el sentimiento de dependencia del ser amado, al igual que los de euforia, intensa felicidad y placer. La dopamina es la proteína de la necesidad y el deseo.

Como su nombre lo sugiere, Guna Mars y Guna Venus están diseñados especialmente para el hombre y la mujer: dos “planetas polarizados” que se atraen y se repelen simultáneamente. Biológicamente hablando, no puede existir el uno sin el otro. Hay dos sexualidades completamente diferentes, pero infinitamente complementarias al mismo tiempo.

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